Escribo estas líneas desde el confinamiento. Llevamos ya 3 semanas sin poder salir de casa, excepto para realizar la compra y pasear a nuestros queridos peludos.

En poco tiempo ha cambiado todo muy rápidamente y sin apenas darnos cuenta. En enero se emitían las primeras  noticias de lo que estaba pasando en China y no le dábamos ninguna importancia, la lejanía nos hace insensibles. En febrero anularon el “Mobile” y la mayoría opinó que era una locura, que se estaban excediendo. Al cabo de pocos días ya se habían detectado los primeros casos en Italia y al poco tiempo ya había cruzado fronteras.

Estamos inmersos en una grave crisis sanitaria y también económica. Se dice que, en momentos así, se acaba sacando lo mejor y lo peor de las personas. La gran mayoría mostramos nuestro lado más positivo, ayudando y solidarizándonos con los más necesitados y vulnerables. Nuestra escala de valores está cambiando, priorizamos lo colectivo y arrinconamos el individualismo. Aplaudimos a los sanitarios, nuestros nuevos héroes, y abucheamos las conductas egoístas e insolidarias como la gente que forma corrillos en la calle.

Cuando todo acabe, habrá que replantearse muchas cosas. Habrá que ser mucho más responsable con el consumo, valorar lo más cercano en detrimento de lo exótico o desconocido. Apegarnos a nuestra gente y disfrutar junto a ellos de cada minuto.

Esperemos que esta ola de solidaridad despierte también el instinto más animalista que llevamos dentro, formándose colas de voluntarios en las protectoras o refugios y multiplicándose las donaciones. Debemos sentirnos más unidos que nunca con nuestras mascotas, nuestros incondicionales compañeros de confinamiento que nos habrán permitido salir a pasear durante todo este tiempo. Con ellos estamos compartiendo muchas más horas de las habituales. No debemos caer en el consentimiento desmesurado, pero sí dedicarles mimos y atenciones. Encontrar juegos interactivos, aprovechar el tiempo del que disponemos para un buen baño y cepillado, corretear por la azotea y muchas otras actividades que a veces no realizamos por falta de minutos.

Habrá que ver qué actitud tendrán cuando volvamos a nuestra rutina y ellos vuelvan a verse solos en casa. Esperemos que sea gradual, al igual que nuestra salida del confinamiento y así se evitará que haya muchos perros con ansiedad por separación.